viernes, 21 de enero de 2011

¿Legalizar el incesto? Reflexiones ético-filosóficas

Hace algunos días, vías twitter, leí que Leo Zuckerman proponía como “tema de la semana” la “legalización del incesto”. Me parece que el tema resultaba útil como termómetro moral, poniéndonos en una situación límite a partir de algo que no ha sido pensado con suficiencia y debatido. Vamos: no se trataba de que como en otros casos hubiera demandas de legalización de esta forma de relación, sino simplemente de debatir un tema que por lo demás resulta espinoso.

Sin embargo, la idea de Zuckerman no viene de la nada. En el noticiero de José Cárdenas dio la explicación. En una de las universidades más importantes del mundo, un famoso académico e investigador despertó el escándalo. Éste famoso personaje, tiene una relación incestuosa con su hija. Y bueno, ser investigador y académico no deja al sujeto libre de perversiones. Sin embargo, por lo que narra Zuckerman, el caso es que en esa relación no se nota patología alguna. En un caso como ese, ¿sería posible aceptar una formalización de la relación o a partir de ello ver la posibilidad de la legalización de ese tipo de relaciones? Esta es mi aportación.

(Nada más para no dejar, cuando Zuckerman narró y posteriormente hizo la pregunta no pensé en respuestas. No fue sino hasta que un analista que aparece constantemente en su programa (@andreslajous) preguntó vía @twitter que me puse a elaboras ideas. Cuando intenté responder a sus preguntas me di cuenta de la dimensión del asunto).

¿Qué pasa cuando lo moral y lo político se mezclan? ¿Qué sucede en el momento en que las creencias morales particulares afectan de modo fundamental el ordenamiento jurídico que pone límites a nuestras relaciones más íntimas? Mi perspectiva es que hacer política desde una perspectiva moral nos lleva a situaciones políticas y jurídicas indeseables. Replanteo la pregunta: ¿es necesario construir lo público y lo jurídico desde creencias morales? Creo que no, porque es imposible crear desde la moral aquellos marcos institucionales y legales que permitan la convivencia de diferentes conductas y formas de relación. La moral, que es algo relativo a la deliberación y a la acción personal, sólo puede servir para orientar mis acciones y calificar la de otros sólo en términos morales.

Siendo así, frente al sentido común que dice que la buena política parte de la moral, vale la pena volver a preguntar: ¿es posible hacer política sin moral?, ¿cómo se pueden buscar beneficios para la sociedad sin una idea acerca de lo que es bueno? Pues bien: me parece que es posible siempre y cuando en sociedades políticamente seculares pensemos “lo bueno” no como algo dado de una vez y para siempre, sino como algo que se construye socio-históricamente. El político y el legislador, con ayuda de los especialistas, debe pensar su actividad como de orden racional, lo que implica pasar por un proceso de racionalización (control) de las creencias morales para evitar que éstas se conviertan en prácticas de control y de disciplinamiento de la vida privada de las personas.

Sin embargo, postular la desmoralización en la construcción de lo público no implica el abandono de la ética por lo siguiente: la modernización, si bien nos ha permitido avanzar secularmente en la construcción de nuestro mundo de relaciones, también ha traído consigo un sinnúmero de problemas no apreciables a simple vista. Uno de ellos, importante para el presente caso, consiste no sólo en la desmagicalización y racionalización del mundo de vida, sino en el paulatino abandono de lo ético y su sustitución de la ciencia. En este caso justamente pretendo ver cómo la ciencia, sustitutiva de lo moral como constructor de lo público, si bien es cierto que representa un verdadero tránsito, también funciona como nuevo mecanismo de “moralización”, entendido como productor de verdad que por su naturaleza resulta irrefutable.

Pues bien. ¿Cómo se conecta con el tema que nos ocupa? Me parece que se conecta de varias formas, pero para ello tenemos que hacer un largo recorrido. Veamos:

Hay varias razones por las que podríamos considerar el incesto como algo susceptible de ser penalizado, aún siendo producto del consenso entre las partes en un momento en que este consenso puede considerarse como libre de violencias. Una de éstas proviene de la costumbre: simplemente pensamos que el incesto es una práctica incorrecta porque así nos lo han transmitido. He aquí la dimensión moral (etimológicamente mos/mores es la traducción latina de la voz griega ethos que se traduce como hábito o costumbre): consideramos que algo es inmoral porque no es habitual o parte de la costumbre de una sociedad. Claro que lo anterior hay que tomarlo con pinzas. El incesto, es decir, las relaciones sexuales con consanguíneos es, en realidad, una práctica que se da en muchas sociedades y culturas. También es cierto que a pesar de ello la práctica no es bien vista o, por lo menos, no se acepta en el caso de relaciones sexuales entre padres e hij@s y entre herman@s. Hay límites establecidos social y culturalmente que operan en el ámbito público como una norma no escrita.

Sin embargo, atendiendo a todo lo anteriormente dicho, ¿tiene la objeción moral a la legalización del incesto un sustento irrefutable? En realidad no. Por ejemplo: ayer pensaba sobre el tema y la idea de tener relaciones con mi madre o con mi hija me parecía francamente desagradable. Vamos: la idea no me gustó. Pero del hecho de que no me guste la idea no se sigue que mi creencia deba ser universalizada e institucionalizada. Vamos: mi gusto no da sustento ético a la objeción moral. Por el contrario, la ética como reflexión crítica y racional sobre la moral invitaría, desde mi perspectiva, a reconocer que no hay sustento en la objeción moral contra la legalización del incesto. Vamos: si un padre y una hija sostienen una relación que quieren formalizar, la objeción moral se limitaría a sancionar la calidad moral tanto del padre como de la hija (aquí vale la pena aclarar que hablamos de incesto como una relación consensuada entre las partes) según las creencias de quienes juzgan, pero que no tendría que avanzar hacia su penalización legal ni al impedimento de la formalización de dicha relación. La moral no puede avanzar más allá.

Ahora, decía que a pesar de la prohibición moral y legal del incesto en diferentes culturas y sociedades hay muchas que lo han practicado o inclusive lo siguen practicando. Sin embargo, a pesar de que nuestras sociedades han progresado y aceptado/legalizado/despenalizado muchas prácticas anteriormente consideradas como inaceptables/inmorales/ilegales, en este caso en particular el tabú ha sido reforzado. Me parece que esto tiene una explicación en el mismo proceso de modernización y urbanización.

Una de las características del proceso de modernización y urbanización se relaciona con la universalización del conocimiento. En la modernidad el saber de lo humano adquiere el rango de ciencia, en algunos casos de forma justificada en otros no. Sin embargo no quiero avanzar mucho por allí, sino simplemente describir cómo han operado la medicina y la psicología en el reforzamiento de lo que desde éstas perspectivas deja de ser tabú, porque para el caso la prohibición deja de pertenecer al ámbito de lo cultural y lo moral.

Veamos: ¿tiene la medicina una objeción sustentada contra la legalización de la práctica del incesto? En realidad sí. No legalizar y hasta penalizar sería necesario en función de evitar, por ejemplo, embarazos que darían a luz a niños con una propensión magnificada a enfermedades congénitas. Por ejemplo: si un padre con hemofilia procrea con su hija, la probabilidad de que el niñ@ sea hemofílico se magnifica en tanto no se refresca la información genética por recombinación de genes.

Sin embargo, la objeción médica/científica encuentra resolución en el mismo ámbito del proceso de modernización y urbanización. Hoy contamos con mecanismos para prevenir que lo anterior suceda: anticonceptivos, abortivos, quirúrgicos, etc. Vamos: si un padre y una hija, una madre y un hijo o una hermana y un hermano desean formalizar una relación incestuosa, médicamente no hay ninguna objeción médica para ello.

Otra objeción, que tiene mayor peso por el grado de incertidumbre que introduce, es la objeción psicológica. Va la pregunta: ¿qué tan cierto es que una relación incestuosa es consensual? Pongamos ejemplos: es posible que en el caso de una relación hermano-hermana ésta sea producto de un evento traumático. Existe la posibilidad de que de niños estos hayan sido obligados a tener relaciones sexuales (es un ejemplo nada más) o a presenciar actos que obstaculizaron el desarrollo normal de su psique. Sin un tratamiento adecuado, el desarrollo de los mismos puede presentar un sinnúmero de problemas que de algún modo afectan la toma de decisiones.

Otro caso es el de una relación entre padres e hij@s. Puede ser, por ejemplo, que el supuesto consenso en la relación sea producto de un largo proceso de perversión sexual del padre sobre la hija. La violación, hay que decirlo, es más común de lo pensado. Todos los días vivimos con gente que ha sufrido algún tipo de agresión sexual que no solemos advertir, pero que de algún modo afectan las decisiones de las personas de modo tal que es posible que el consenso no sea tal. En un caso no menos grave, se nos puede atravesar el problema del poder y la autoridad. El consenso en relación puede ser producto del ejercicio del poder de uno sobre otro, o bien impulsada por deseos patológicos de satisfacer a los padres/héroes.

Y vamos: las anteriores pueden considerarse (aunque no sé qué tanto) fuera de lo común y hasta exageradas. De algún modo, quienes así lo consideren, tendrían razón. Sin embargo, la labor del Estado es justamente no sólo facilitar los medios de realización de la vida de las personas, sino evitar que esos casos extraordinarios suceden. En este sentido, legalizar, a decir de muchos, implicaría facilitar la violencia sexual. El Estado que previene no podría legalizar algo que terminaría por facilitar las perversiones y patologías de algunos sobre, sólo porque en algunos casos existe el deseo de formalizar algo aunque no es inmoral conlleva riesgos específicos, ¿o sí?

Podría ser. Sin embargo, también podría ser del mismo modo en otros casos. Por ejemplo, grupos conservadores usan argumentos clínicos para justificar su oposición al matrimonio entre homosexuales y la adopción de niños. A decir de estos, legalizar matrimonio y adopción implicaría facilitar a los pedófilos el libre ejercicio de su perversión. El problema es que llevado al extremo el matrimonio en general podría considerarse como la legalización de la violencia, como la que ejercen hombres contra mujeres. Cualquier tipo de formalización de una relación, por riesgos específicos, debería considerarse como indeseable. En ese mismo sentido: la adopción debería estar prohibida no sólo para homosexuales, sino para cualquiera, en tanto que nada garantiza que esa “buena pareja” que está adoptando un niño va a procurarle un sano crecimiento, No sólo eso: es posible que esa pareja resulte no ser tan buena y los niños adoptados se encuentren en un verdadero peligro. Más: en realidad nadie debería tener hijos, en la medida en que como lo marca la experiencia hay miles de padres biológicos que resultan ser los peores posibles. ¿Y qué decir de las enfermedades genéticas? Nada más por el lado de padres y abuelos mi hijo tiene propensión a enfermedades que van desde la esquizofrenia, pasando por la depresión, hasta diabetes, cáncer, ceguera, etc. En función de garantizar una vida sana, libre de riesgos y de traumas, lo más efectivo sería ir anunciando nuestra extinción libremente elegida.

Ustedes podrán decir que he escogido los peores ejemplos. Es posible. Pero que sirvan como ejemplo no sólo para reflexionar sobre los riesgos de moralizar el debate, sino los riesgos de sustituir la moral con la ciencia y la clínica. Las mismas objeciones provenientes ya sea de la moral o de la ciencia y la clínica para el incesto, podrían ser aplicables a otro tipo de prácticas que ya se encuentran legalizadas. ¿A qué se debe? A que en el fondo sigue habiendo cierta perspectiva moral predominante, no claramente visible y justificable a partir de la idea de que debe haber límites. Y tienen razón, pero esos límites en el caso del incesto consensuado entre mayores de edad parecen ya no tener asidero, no sólo moral, sino científico y médico.

Lo que quiero decir es, finalmente, que el proceso de modernización y urbanización ha traído consigo otros fenómenos que nos dificultan mucho la vida. A este fenómeno yo lo llamo (yo creía que lo había inventado pero lo he leído por otros lados) la medicalización o clinicalización de nuestra vida y nuestras relaciones (que en su variante más extrema tenemos al fascismo/nazismo). Me parece entonces que para abordar ciertos temas no sólo hay que desmoralizarlos, sino en la medida de lo posible desmedicalizarlos o desclinicalizarlos. Me parece que ahí la filosofía y particularmente la ética tienen mucho que hacer y decir, como reflexión sobre los puntos ciegos y los posibles defectos de ciertos discursos y saberes. Es decir: ayudar a romper con los esquemas producidos por las variantes negativas del proceso de modernización y urbanización que nos sujetan a órdenes epistémicos y discursivos que definen lo que es "normal" (la psiquiatría, la medicina, la antropología, la psicología, etc.) suplantando la moral como el lugar que da verdad y sirviendo como instrumento legislativo infalible.

7 comentarios:

Dr JJ Estrada dijo...

Hoy hablé de eso! fué un caso ala inversa! Estupro de mujeres a hombres... No pasa nada! No vaya ser lo contrario... Y se arma troya!

Martha Revuelta MS dijo...

Despenalizar el incesto en una sociedad que no ha podido darle sanos cauces a sus formas de convivencia, me parece no oportuno ni deseable, por ahora. Te felicito por la excelente vertebración del tema.

ingriddiamond dijo...

Si se me pregunta yo opinaría que el incesto no es viable. La simple idea en cambio, me intriga desde una perspectiva de conducta humana y estética. En la literatura, en la mitología y hasta en la Biblia aparece. Realmente dudo que el incesto sea viable (a mi me desagrada) pero el cuestionamiento que se como lectores se nos ha realizado es oportuno y sano.

Patalán dijo...

Un escrito muy bien redactado.

En cuanto al fondo del asunto... el intercambio sexual lleva implícito un plano de igualdad. Entre un padre y un hijo nunca se puede dar este tipo de relación.

Además de todas las consecuencias psicológicas e incluso genéticas (enfermedades consanguineas)

No nos dejemos llevar por el relativismo cultural.

Kyriuu Mangekyo dijo...

Entonces te hago esta pregunta: ¿Y si ambos actúan con igualdad cuando actúen como pareja, eso te parece mejor? Porque tampoco hay igualdad verdadera en una relación no incestuosa, y si es por lo genético, la ciencia inventó algo llamado "preservativo".

Kyriuu Mangekyo dijo...

Y sobre lo psicológico, si te dicen toda tu vida que está mal, claro que te sentirás mal, la culpa la tiene la gente por educar en que el incesto es malo, si desde siempre, usando protección, te dicen que es bueno, noo sentirás culpa ni nada malo.

Anónimo dijo...

Hay una novela muy buena, Proihbido (Forbidden en inglés) de Tavita Suzuma, sobre una relación ipotética incestuosa entre un hermano y una hermana, que sí, como efecto de una relación intrafamiliar que no ha podido superar el complejo de Edipo y darse sujetos de afectividad o sociavilidad mayor fuera de la familia, han acabado teniendo que reconocer ese trauma histórico y han terminado por enamorarse y hacer el amor.
Yo creo que, si bien hoy en día no sería bueno legalizar el incesto, porque bien decís, podría ayudar a perpetuar mecanismos de violencia en una relación patológica, hay relaciones y casos particulares que muestran que no sería imposible; hoy en Argentina -e incluso en los EE. UU., algo increíble- está legalizado el matrimonio igualitario, y en la constitución el matrimonio en general está permitido como derecho civil inviolable, algo que se alienaba en el caso de los omosexuales como efecto de un prejuicio. Con respecto a la relación poder-autoridad yo creo que mediando el amor, el poder sería reducido y se tendería a la igualdad en la relación, mediando antes, claro, un intercambio de valores y de roles -por ejemplo, padre e hija, amante masculino y amante femenino; hermano y hermana, lo mismo, reconociendo las disparidades histórico-psicológicas, claro-, pero igual es un tema que aún hoy da para discutir.
un caso real, como ej: en Reino unido hubo un caso, en 2008, de un hermano y hermana que querían casarse; en realidad se trataba de dos personas nacidas en sistemas especiales, de implante de obario y ese tipo de cosas, que habían sido separados al nacer, y que al encontrarse se enamoraron; allá se les proihvió, obviamente, casarse (es el terrible sistema capitalista, con sus prejuicios), y en vez de decir algo sobre los dos hermanos, los pocos legisladores que siguieron discutiendo el tema desplazaron las ideas y cambiaron de tema para hablar sobre el conocimiento de los niños de cómo han sido gestados, algo no menos medicalizante, propio de la cultura europea.